miércoles, 22 de diciembre de 2010

Mi nuevo deporte favorito: Sumo femenino

Acabo de descubrir mi nuevo deporte favorito y si en 2020 por fín se hace olímpico ahí estaré pegado a la pantalla para seguir los combates.

El texto a continuación son extractos del artículo que escribió Daniel Krieger para el New York Times.

Durante años, los promotores de la lucha sumo han impulsado la inclusión del deporte en los Juegos Olímpicos. Para ello, la Federación Internacional de Sumo está detrás de una forma del deporte que ofende a los puristas y sorprende a casi todos los demás: el sumo practicado por mujeres.

Cuando el Comité Olímpico Internacional declaró en 1994 que ya no calificarían los deportes para un solo sexo como candidatos para los Juegos, fue suficiente para poner de cabeza la tradición de hombres gigantescos que se tiran unos a otros dentro de un círculo. Desde entonces, se ha reconocido internacionalmente al sumo como un deporte de oportunidades equitativas.



Tal cambio radical en el antiguo deporte nacional de Japón no se produjo fácilmente, y el impulso inicial provino de fuera del país.

Entre quienes cabildearon ante la IFS, como se conoce a la federación de sumo, estuvo Stephen Gadd, el secretario general de la Unión Europea de Sumo y presidente de la Federación Neerlandesa de Sumo.

El sumo maculilni empezó a tener aficionados internacionales a mediados de los 80, como parte de la campaña de Japón para propagar internacionalmente su cultura. Más de una década después, el femenino empezó a tener aficionados a medida que la IFS, que supervisa a 87 países, empezó a impulsarlo.

Las europeas no tuvieron reparo en aceptar al sumo, pero las japonesas tenían algo más a lo que enfrentarse que sólo europeas enormes.

Su mayor obstáculo provenía del estigma que se puede rastrear hasta el siglo XVIII, cuando, como entretenimiento para los hombres, mujeres con el torso desnudo luchaban contra varones ciegos. Aunque esta variedad lasciva se fue perdiendo a mediados del siglo XX tras repetidas prohibiciones, persiste una forma ceremonial en festivales regionales, tan alejados, en los márgenes sociales, que es prácticamente desconocida.

Así que cuando se estableció la Federación de Sumo Femenino en Japón en 1996, las japonesas no precisamente pedían a gritos participar, dada la creencia popular de que simplemente las mujeres no practican el sumo. Después de todo, siempre las mantuvieron fuera de la competencia legítima, debido a la regla cardinal del deporte: las mujeres no pueden tocar el círculo sagrado de lucha, el dohyo, ni entrar en él, no sea que lo contaminen con su "impureza".


Hoy, las chicas incluso pueden ir a la universidad con becas de sumo. Y hay torneos sólo para mujeres, como los campeonatos para la mejor luchadora de Japón, que se realizaron en octubre en Osaka. Se reunieron 40 sumotori importantes para la 15 edición en el Sumo-jo del parque Ohama.

Shinsaku Takeuchi, el organizador y presidente de la Federación de Sumo Femenino, dijo que el sumo femenino se está volviendo más fiero incluso que el varonil.

Takeuchi explicó que lo que diferencia al sumo de aficionados del profesional es la inclusión de las categorías de género y peso, así como la remoción de las ceremonias religiosas, que siguen siendo una parte del sumo profesional para hombres. El de aficionados tampoco ha sido parte de los escándalos recientes que mancharon recientemente al deporte en Japón, incluido uno de apuestas en el béisbol, que expuso la relación de los deportes profesionales con el crimen organizado.

En cuanto a la batalla para que sea parte de los Juegos Olímpicos, Gadd, de la Unión Europea de Sumo, dice que la mejor posibilidad es si Japón es sede de los Juegos de 2020. "Ser parte de los Juegos Olímpicos dará al sumo el impulso que necesita para ser un deporte internacional importante", dijo. Y ahora que se rompió la barrera del género, hay un obstáculo menos en el camino.